Friday, January 9, 2026

Pelea del poeta y su pareja

 Jorge Etcheverry


"En este país hay como cuatro mil poetas", continuó Helga, lanzándole a la cara la misma información que él le había dado a ella hace unos días para apoyar unos argumentos suyos de los que ya ni se acordaba. "Y en todo caso, a quién diablos le importa la poesía", le gritó, dirigiéndose desnuda al baño a orinar, mientras él la miraba desde la cama deshecha, amurrado y soñoliento. Se dio vuelta contra la pared. Cuando se volvió a dar vuelta, aún le duraba el enojo y un cierto resentimiento. Ella se estaba poniendo unos calzones nuevos, elásticos y negros, más parecidos a los slips que usan los atletas varones, pero que las niñas jóvenes y las adolescentes, según Helga, que estaba trabajando en una tienda de modas, estaban usando este verano a pesar del calor. Ella se sacudió la rubia melena frente al espejo con un movimiento leonino del cuello y salió de la pieza. Por un rato él permaneció en silencio, echado en la cama, contando hasta diez para evitar una explosión de rabia, tal como le había aconsejado su psicólogo, y luego cayó en ese estado de pena, melancolía y autocompasión al que era tan proclive.

Pelea del poeta y su pareja

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