Wednesday, March 11, 2026

“Poesía reunida”, de Carlos Piccioni

 

Por Luis Benítez

 


El sello argentino Q Ediciones - Paola Chinazzo Editora distribuyó en librerías, recientemente, esta compilación del reconocido poeta santafesino, que reúne en una cuidada edición sus títulos aparecidos entre 1981 y 2019.

 


Las compilaciones de la propia obra poética realizadas por sus autores brindan al lector un recorrido muy completo por la galería de desarrollos discursivos y de contenidos experimentados por este, pero simultáneamente, ofrecen otra posibilidad. En efecto: al haber sido realizada la selección por su propio creador, las inclusiones y exclusiones que el autor concreta posibilitan a quien lee apreciar las predilecciones de quien es el fautor de ese corpus textual, un plus que permite conocer mejor sus apologías y rechazos, no siempre coincidentes con los gustos de quienes seguimos su desarrollo lírico desde los comienzos.

Sin duda, para quien se propone espigar de su misma obra unas piezas y excluir otras, la tarea no resulta nada fácil. Cuando lo que nos presenta es la reunión de todas sus obras, sin embargo, el panorama es todavía más completo. Estamos ante una exposición donde el lector puede por sí mismo realizar la labor de elegir aquello que, según sus preferencias y afinidades, impacta en mayor medida su sensibilidad e intelecto, fenómeno deseablemente simultáneo en el caso de la poesía bien lograda.

Es muy de agradecer al sello editor argentino Q Ediciones - Paola Chinazzo Editora que nos proporcione este recorrido tan acabado por la obra de Carlos Piccioni, desarrollada durante cuatro décadas de fructífera producción escritural. Poesía reunida (1) alberga en sus 340 páginas la crónica de un vórtice lírico que, título tras título, le permitió al autor nacido en Tostado, provincia argentina de Santa Fe, en 1945, depurar hasta lo medular su trabajo poético, que ya apuntaba hacia una constante superación desde las primeras composiciones contenidas en su entrega inicial, el poemario Las palabras de todos (1981). Amén del nombrado, Piccioni publicó seis títulos más, hasta su más reciente Las flores de lo opaco, en 2019.

Sutil pero no menos demoledora por la potencia expresiva que alberga tan delicada pero consistentemente su capacidad referencial, la poesía de Carlos Piccioni ha evolucionado desde el punto germinal en los comienzos de la década de los 80, hasta alcanzar un cenit de reconocible madurez en sus textos más recientes, pudiendo determinarse el punto de inflexión -al menos para mi lectura, necesariamente subjetiva y personal- radicado en las más de cuarenta piezas que edifican la llamativa estructura de su poemario El sueño de las lluvias (1984, Ediciones La Cachimba), que le brindó como reconocimiento el primer premio del concurso de poesía José Pedroni en 1987. Es en este mencionado título donde el poeta muestra y demuestra la afiatada destreza que caracteriza su decir, su dominio completo de los núcleos de sentido que nutren su sustrato conceptual y, en la diégesis formal de su trabajo, el hábil manejo de los recursos estilísticos que tornan su voz fácilmente reconocible en el variopinto panorama de la lírica nacional.

No en balde, ya en una temprana apreciación de las cualidades del entonces muy joven Piccioni, el gran poeta y ensayista argentino Raúl Gustavo Aguirre (1927-1983), en una carta incluida en las páginas 320-321 del volumen que nos ocupa, le subraya a nuestro autor: “… Ud. tiene un sorprendente dominio del lenguaje: sus poemas tienen notable fluidez, y eso es una gran carta en su favor, una ventaja inicial, por así decir, con respecto a otros. Además, se advierte su independencia, su libertad de espíritu, su actitud personal ante las cosas, y todo ello también es positivo. ¡Y todo esto a los dieciocho años! No le digo que sus poemas son verdaderamente buenos porque eso le haría más mal que bien. Una sola ley: olvidar lo que se ha hecho, no sentirse poeta por lo que ya se escribió. ‘El poeta -escribe René Char- no debe dejar pruebas sino huellas de su presencia’”.

Efectivamente: Raúl Gustavo Aguirre nunca se equivocaba. La prueba está en las más de 300 páginas de las que acabo de hablar y cuya lectura recomiendo fervientemente al posible lector.

 

El autor


Carlos Piccioni nació en 1945 en Tostado, provincia argentina de Santa Fe. Antes del que nos ocupa, Piccioni publicó los siguientes poemarios: Las palabras de todos (1981), Paisaje (1983), El sueño de las lluvias (1984), Desde el agua y el aire (2000), El confín de los sonidos (2012 y 2019), Poesía (edición bilingüe, italiano y castellano, 2015) y Las flores de lo opaco (2019). Los méritos de su trabajo poético le granjearon en su provincia, en 1987, el Premio José Pedroni y en 2000 el Felipe Aldana. Como otro reconocimiento a su destacado talento ha participado repetidamente, como poeta invitado, en festivales y encuentros literarios en diversas regiones del territorio nacional.

 

NOTAS

(1)Q Ediciones - Paola Chinazzo Editora, ISBN 978-631-00-7464-1, 340 pp., Rosario, provincia argentina de Santa Fe, 2025.

Saturday, February 21, 2026

Poemas de Rolando Revagliatti de su libro ‘Desecho e izquierdo’ (2ª edición: Editorial Leviatán, Buenos Aires, febrero 2026, 152 páginas).

Rolando Revagliatti



Y aunque el mate esté frío

Nos estamos cayendo en el dos mil
y el pescado sin vender
gaucho entre los gauchos
y atraviesa el malón la polvareda
el buenón en cambio juega solo a la taba
crisis de identidad la del buenón
que poco capea sus contradicciones
del todo contraindicado el buenón
aires de pampa mía cavándole el hoyo
pa’ quel hueserío haga hito
como la traición entre las tradiciones
y el esmero del inveterado malón
al pervertir a las infamélicas y consanguíneas
hembritas insosteniblemente vaporosas
y a las regionales y desencantadas esposas de los intendentes
meta rasgueos de guitarras

Y aunque el mate esté frío, doña Dominga
doña Venancia, doña Azucena, doña Hilariona
no dejo de payar en estas circunstancias
confusas para este acreditado paisajista
de acendrado calar nacional
y popular

Síganme
pobretes y ricachos a las puertas del amor de un día
por la inmensidad tanto como por la circunscripción
que no los voy a defraudar

macho
gaucho
y guacho
que no los voy a fotografiar con zoom en la estaqueada
en esta superproducción reproductiva.



Dándole vueltas

Dándole vueltas y vueltas a cierto cachito significante
estaba entre la vulgaridad de tirarme una cana al aire
o
familiarmente
desde el amplio ventanal de un cuadragésimo piso

O desgarrar
el avejentado himen de una sección
perezosa de mi cerebro

Me encaré:
¿Por qué no rozar el urticante tema de las propensiones?
Es un tema tuyo, Rolando
el de las estructuras que supimos adquirir
las resignaciones que no terminan de caer
de las secoyas ancestrales
los renunciamientos a la mezcalina
al frufrú, a la masturbación, al asesinato del alma

¿Tantos años de tarado echados a la basura?
¡El orgasmo es mío, mío!
¿Así como así, hijos de puta
arremeten con sus topadoras
sobre el gueto de mi infelicidad?
¿Qué me faltaba cuando sólo era un miserable?


Allá

Yo siempre supe allá en el fondo
que alguien la tendría más grande

Toda una vida acallando ese presentimiento
aturdiéndome con éxitos, figuración
y altísimas calificaciones
mucho ruido pequeño
sin duda con talentos
e imprevisibilidad

Pero el genio era otro
otro el fenómeno, el anormal
y al portento no le interesaría la trascendencia
en cambio, yo
me consumiría en mi satiriasis
¡ufa!
en mis floripondios y maratonismo
demasiado mortal
huérfano, viudo
atenazado por el letargo exhaustivo
de la compasión y, sobre todo
con su fachada ecuánime cuando no insigne
por la maldad revisionista

Las sirenas aún me aseguran que soy el mejor
que antes de mí, patrañas y rutinas
estándares amables a lo sumo
que el imperioso mar es mío
y el viento
pero
lo reconocí al principio

fue al principio cuando lo reconocí:

allá
en el fondo.


Madurez

Hasta yo
dentro de poco
pareceré aplomado:

crucial
obsolescencia.



Al medio y por la mitad

Fuego sagrado tú
enviudé con astucia y placebo

Neo-cerbatánico
escupo monogramas
endilgo inagotables iniciales
lacro por lo que dure esta disipación
tartamuda de linajes y otras señas

Estamos en la niebla de paso
reprimo besos
y te invento bondadosamente

Contigo tomate partido al medio
y milanesa partida al medio
y huevo duro por la mitad:
sensorium y perceptum:
tú del pan lactal
yo, de las cebollitas de verdeo

Aire en grumos siendo desalojado de mi pecho:
chamusca, carajo, la niebla
sin embargo.



Pase en sucio o indaga la daga

Para el más azul de los príncipes
la nieve más blanca

La salpicada de estrellas le ofrecía al cristiano
vagina gaucha:
quince para una escoba:
deshacerse las trenzas y deshacerse
de las enaguas

¿Por qué pues entonces desnudez por desnudez
me quedo de esmoquin bailando con la más fea?

Tautología con todo mi amorcito
y besos de salva:
confiar en el pasado mañana
o sucumbir ayer cobardemente

Sinceramente no entiendo:
¿agoniza la burla?


Las patas


Las patas en el aire
despotrican
contra las patas
enterradas

Histéricas en el aire
y obsesivas enterradas
me convidan con pancito
al dirimir con ellas
sus recelos
en mi consultorio.


Impotencia


Borracho de amor y vino blanco
qué no hice yo por arrancarle el ilustre convencimiento
de que más valía la humilde sapiencia de mis manos
que cien volando

Procurar conquistarla fue para mí de rango estructurante
lo digo clínicamente
tras biopsia

Al aguardiente lo que es del aguardiente
¿y al pollito mínimo?


Manicomial


Tragué vidrio
(garuaba finito sobre mi actuación)
“y todo porque soy un pequeño magnate”
transido entoné

En una glorieta extenuada del neuropsiquiátrico
(desplegada garúa)
transido entoné
“y todo porque soy un pequeño magnate”

Y al cabo saludé

con carraspera.

Eléctrico


Los quince de cada mes
a la noche, si es que llueve
me enchufo con un recuerdo
siempre el mismo

irrevelable
muy falso
muy vergonzoso

(en los 220 vatios).

Friday, January 9, 2026

Pelea del poeta y su pareja

 Jorge Etcheverry


"En este país hay como cuatro mil poetas", continuó Helga, lanzándole a la cara la misma información que él le había dado a ella hace unos días para apoyar unos argumentos suyos de los que ya ni se acordaba. "Y en todo caso, a quién diablos le importa la poesía", le gritó, dirigiéndose desnuda al baño a orinar, mientras él la miraba desde la cama deshecha, amurrado y soñoliento. Se dio vuelta contra la pared. Cuando se volvió a dar vuelta, aún le duraba el enojo y un cierto resentimiento. Ella se estaba poniendo unos calzones nuevos, elásticos y negros, más parecidos a los slips que usan los atletas varones, pero que las niñas jóvenes y las adolescentes, según Helga, que estaba trabajando en una tienda de modas, estaban usando este verano a pesar del calor. Ella se sacudió la rubia melena frente al espejo con un movimiento leonino del cuello y salió de la pieza. Por un rato él permaneció en silencio, echado en la cama, contando hasta diez para evitar una explosión de rabia, tal como le había aconsejado su psicólogo, y luego cayó en ese estado de pena, melancolía y autocompasión al que era tan proclive.

“Poesía reunida”, de Carlos Piccioni

  Por Luis Benítez   El sello argentino Q Ediciones - Paola Chinazzo Editora distribuyó en librerías, recientemente, esta compilación ...