Thursday, March 26, 2020

Conspiranoia o conspirativitis


Jorge Etcheverry
                I

En general, la gente solo tiende a ver el lado malo de las teorías conspirativas, pero no examinan ni su vigencia ni si recurrencia. Pareciera que están “in”, los más connotados líderes de los bandos en que se divide el mundo hacen públicas las suyas particulares y los países satélites hacen sus propias versiones. Líderes que se suponía eran bastante realistas, cuando no materialistas—por ejemplo en Chile—se montan al carro. Es que parece que es mediático tenerlas .Las teorías conspirativas son ricas, hacen que a la postre los eventos naturales, cósmicos, la mecánica de los sistemas económicos, estén sujetos a la acción humana, que nosotros y nuestro accionar estemos todavía en el centro del universo y en términos identificables y binarios para las multitudes, que también pueden cobijarse bajo este alero. Constituyen un mecanismo muy eficaz de autodefensa para evitar la desesperación y la impotencia, son parte de una "película" familiar y acomodable a los marcos existenciales e ideológicos de que se trate, son un elemento de equilibrio y salvaguarda psicológicos, cumplen un papel importante en el pensamiento colectivo.

Wednesday, March 18, 2020

“¿A quién admiro fuera del área de lo artístico?: a Ho Chi Minh”

Rubén Sacchi responde “En cuestión: un cuestionario” de Rolando Revagliatti


Rubén Sacchi nació el 29 de noviembre de 1955 en la ciudad de Lanús, donde reside, provincia de Buenos Aires, la Argentina. Además de poeta y ensayista, es periodista y fotógrafo; así como Director de Cine y Video, egresado del Instituto de Arte Cinematográfico. Ha sido vastamente difundido en medios gráficos y electrónicos, e incluido en antologías. Fue codirector del periódico “La Balsa” y director de las revistas “Impulsos”, “Restos del Naufragio”, “Lilith” y “Septiembre”. Integra el Frente Cultural Septiembre, el colectivo CRECIDA (Coordinadora Regional de Espacios Culturales Independientes de Autogestión) y el Grupo de Escritores Voces del Viento. Dirige la plataforma http://desmenuzartemejor.blogspot.com/. Su obra poética se difundió entre 1977 y 2018 en los plegables de poesía “Sextavar 3”, “Sextavar 4”, “Orígenes 3”, “Poesía Estúpida” y “Brotes”. Poemario publicado: “La memoria del agua” (2019).


1: ¿Cuál fue tu primer acto de “creación”, a qué edad, de qué se trataba?

RS: Debía tener cuatro o cinco años. Inventé un mundo debajo del piso de mi dormitorio. Pasaba horas con la oreja pegada a las tablas de pinotea escuchando lo que allí pasaba… ¡y te puedo asegurar que oía cosas sorprendentes!



2: ¿Cómo te llevás con la lluvia y cómo con las tormentas? ¿Cómo con la sangre, con la velocidad, con las contrariedades?

RS: Todo depende de las circunstancias. Al primer interrogante, detesto la lluvia, y más las tormentas, cuando debo salir temprano por la mañana; si se trata de estar en la cama, no hay nada más bello y adormecedor que su repiqueteo en las chapas de zinc.

La sangre no me inquieta, mientras se mantenga en las venas; con la velocidad tengo algo contradictorio: no me agrada, pero me seduce.

Hay quienes dicen que las contrariedades son desafíos y están quienes las buscan para probarse. Yo las veo como una probabilidad más en el devenir cotidiano, no me agradan, pero están para asumirlas.



3: “En este rincón” el romántico concepto de la “inspiración”; y “en este otro rincón”, por ejemplo, William Faulkner y su “He oído hablar de ella, pero nunca la he visto.” ¿Tus consideraciones?...

RS: No creo en musas inspiradoras. Es cierto que hay veces en las que surgen ideas que nos parecen geniales, casi de la nada, pero se quedan en eso si no se trabajan. Creo en la predisposición, en la voluntad de crear el texto, en una ardua labor cuando el cerebro estalla en ideas. El hecho creativo no es permanente y hay que prepararse para los tiempos en blanco.



4: ¿De qué artistas te atraen más sus avatares que la obra?

RS: Entro a los artistas por su obra, si me cautiva intento conocer al autor, lo que hace de su vida algo secundario. En algunos casos, su vida es tan interesante como su obra.



5: ¿Lemas, chascarrillos, refranes, proverbios que más veces te hayas escuchado divulgar?

RS: “Más vale cámara en mano, que cien volando” (de cuando estudiaba cine).


6: ¿Qué obras artísticas te han —cabal, inequívocamente— estremecido? ¿Y ante cuáles has quedado, seguís quedando, en estado de perplejidad?

RS: Me estremecieron las ruinas de Tiahuanaco, en Bolivia, y la pintura de René Magritte.

En música, la de Spinetta, Janis Joplin y King Crimson.

Muchos libros, pero destaco la novela “Desgracia”, de J. M. Coetzee.

No recuerdo que alguna obra me haya dejado perplejo. Siempre le termino encontrando la vuelta, aunque la respuesta, al final, sea que es un bodrio y eso ¿sería arte?



7: ¿Tendrás por allí alguna situación irrisoria de la que hayas sido más o menos protagonista y que nos quieras contar?

RS: Cierta vez, en 1979, estábamos con mi compañera de entonces en el Bar Los Pinos (sitio que se llevó la modernidad, ubicado en Avenida Corrientes y Rodríguez Peña). Yo llevaba mi morral repleto de revistas “Lilith”, que solía publicar todo lo que la dictadura decidía prohibir. Venía, además, del Pasaje Obelisco Sur, donde había hallado un viejo ejemplar de “A disposición del Poder Ejecutivo”, de Samuel Schmerkin y había arrasado con un saldo obligado del libro “Alarido”, del poeta Tomás Rodríguez Arias; una docena de ejemplares, mínimo. Digo saldo obligado porque era un libro de poesía urgente, que quemaba, y era peligroso conservarlo. Recién habíamos encargado sendas ginebras, cuando uno de esos famosos vehículos color verde con que la multinacional Ford había dotado a los grupos de tareas clava los frenos en medio de la avenida y tres sujetos entrajados bajan y se dirigen, sin escalas, a nuestra mesa. Lo irrisorio no fue el viaje del que participamos sin ánimo de elegirlo, que incluyó interrogatorio y simulacro de fusilamiento en una plaza porteña, tampoco nuestra tardía liberación bajo la orden de ¡Corran!, que no acatamos, sino que todo ese despliegue no incluyó la requisa del morral, que nos acompañó pegado a la luneta trasera y me fue devuelto luego de un rápido vistazo que, evidentemente, buscaba armas o algún otro tipo de prensa. Hoy, sobreviviente, puedo reírme.



8: ¿Qué te promueve la noción de “posteridad”?

RS: Es algo muy vago. La humanidad es, en términos históricos, una especie joven y, al paso que vamos se extinguirá pronto. Como noción general, se me antoja la nada. En lo finito personal, mis nietos, tal vez algún bisnieto que aún me nombre.



9: “¿La rutina te aplasta?” ¿Qué rutinas te aplastan?

RS: Si fuera tan fácil como cantaba Joan Manuel Serrat: “Si la rutina te aplasta/ dile que ya basta/ de mediocridad”, pero la supervivencia impone rutinas. Observo a mis gatos: ellos practican una vida cargada de rutinas vitales. Aplasta la oficina, achata, mata.



10: ¿Para vos, “Un estilo perfecto es una limitación perfecta”, como sostuvo el escritor y periodista español Corpus Barga? Y siguió: “…un estilo es una manera y un amaneramiento”.

RS: No creo en la perfección, sí en el estilo. Es como la manera en que caminás o agarrás los cubiertos para comer, lo forjás durante toda tu vida y si lo querés torcer conscientemente es una impostación. Si lo hicieras de manera inconsciente, solamente estarías evolucionando tu estilo.



11: ¿Qué sucesos te producen mayor indignación? ¿Cuáles te despiertan algún grado de violencia? ¿Y cuáles te hartan instantáneamente?

RS: La injusticia es la madre de casi todos. La inequidad, la explotación y tantos otros son formas de la injusticia. Todos me despiertan violencia porque son reaccionarios. Lo instantáneo del hartazgo, va de la mano del grado en que se manifieste. Dije casi todos porque también existe la estupidez, quizás la más difícil de solucionar.



12: ¿Qué postal (o postales) de tu niñez o de tu adolescencia compartirías con nosotros?

}RS: Los paseos a las ciudades de Luján y La Plata con mis padres y hermano; andando en sulki a pedal por la Plaza Villa Obrera, de Lanús; mi perra Damita; la cuadra donde me crié; el bar “La Mia Citta”; las movilizaciones políticas de los 70.



13: ¿En los universos de qué artistas te agradaría perderte (o encontrarte)? O bien, ¿a qué artistas hubieras elegido o elegirías para que te incluyeran en cuáles de sus obras como personaje o de algún otro modo?

RS: Estoy en la obra de Karl Marx, como sujeto histórico. Fuera de eso, en el paisaje de “Rayuela”, de Julio Cortázar, “del lado de allá”, porque del de acá, conozco bastante. En la pseudo fantasía de Haruki Murakami.



14: El silencio, la gravitación de los gestos, la oscuridad, las sorpresas, la desolación, el fervor, la intemperancia: ¿cómo te resultan? ¿Cómo recompondrías lo antes mencionado con algún criterio, orientación o sentido?

RS: Son sustantivos que dicen mucho en sí mismos, pero con una diversidad tremenda. Cada uno actúa de manera diferente de acuerdo a la circunstancia que lo ocupa. La cualidad de buenos o malos los acompañan acorde a esa circunstancia. No sé si sería posible una recomposición, todo puede ser un disparador y todo una consecuencia. Hay, tal vez, dos categorías en el grupo; una que considero más maleable en tanto depende de mi voluntad, en la que entran el fervor y la intemperancia, quizás también la desolación, si se toma como sentimiento.



15: ¿A qué artistas en cuya obra prime el sarcasmo, la mordacidad, el ingenio, la acrimonia, la sorna, la causticidad… destacarías?

RS: Me vienen a la cabeza Darío Fo, Federico Fellini y Antonio Dal Masetto y caigo en la cuenta de que los tres son italianos. No creo en las casualidades.



16: ¿Qué apreciaciones no apreciás? ¿Qué imprecisiones preferís?...

RS: Las que se refieren a las cosas vanas. Las que surgen de la propia humanidad.



17: ¿Viste que uno en ciertos casos quiere a personas que no valora o valora poco, y que en otros casos valora a personas que no quiere? ¿Esto te perturba, te entristece? ¿Cómo “lo resolvés”?

RS: Lo segundo es difícil que me ocurra, puedo valorar hechos o acciones de esa persona puntualmente, pero no su integridad. Lo primero puede darse y es producto de la cotidianidad. Lo que nos rodea, lo habitual nos parece dado por naturaleza. Cuando identifico el error, que obviamente es perturbador y triste, trato de modificar mi actitud de valoración.



18: ¿El mundo fue, es y será una porquería, como aproximadamente así lo afirmara Enrique Santos Discépolo en su tango “Cambalache”?

RS: Discépolo obviaba el es, porque iba de extremo a extremo. El mundo es maravilloso, pero el ser humano se afanó en que sea una porquería. No es toda la especie, pero son millones que, si no es por acción, es por omisión que logran este resultado.



19: Por la fidelidad y entrega a una causa o proyecto, ¿qué personas (de todos los tiempos y de todos los ámbitos) te asombran?

RS: No me asombran, me inspiran respeto y admiración. Por suerte son muchísimos, pero me quedo con tres locales: el Che Guevara, Mario Roberto Santucho y Agustín Tosco. Que aún viven: Nora Cortiñas. Lo cierro ahí para que sea una que sepamos todos, pero tenemos una parva de próceres y 30 mil ejemplos más, entre muchísimos otros.



20: ¿Qué te hace “reír a mandíbula batiente”?

RS: A veces, las cosas más absurdas. Los Tres Chiflados y Los Simpson me matan de risa.



21: ¿Cómo afrontás lo que sea que te produzca suponerte o advertirte, en algunos aspectos o metas, lejos de lo que para vos constituya un ideal?

RS: Debiera ser frustrante, pero ya estoy acostumbrado.



22: El amor, la contemplación, el dinero, la religión, la política… ¿Cómo te has ido relacionando con esos tópicos?

RS: En ese orden: El más bello de los inventos; un alimento indispensable; el más horrible de los inventos; el poder más grande basado en el miedo; la ciencia de la razón. Con todos me llevo bien, menos con el dinero y la religión, pero convivo con ellos.



23: ¿A qué obras artísticas —espectáculos coreográficos, films, esculturas, música, pinturas, literatura, propuestas teatrales o arquitectónicas, etc.— calificarías de “insufribles”?

RS: Como mi bien más escaso es el tiempo, trato de informarme antes de abordar una obra y no derrocharlo. Me sucede que, como ejerzo el periodismo cultural, alguna vez he visto alguna obra teatral abominable y leído algún libro que merecía seguir siendo árbol, pero sus títulos son olvidables. No me atrapan los films ni las obras teatrales musicales; abomino de la cumbia moderna y de esa música electrónicamente repetitiva; de la arquitectura lineal actual, tan impersonal, poco me agrada.



24: ¿Qué calle, qué recorrido de calles, qué pequeña zona transitada en tu infancia o en tu adolescencia recordás con mayor nostalgia o cariño, y por qué?...

RS: La cuadra de la calle Sitio de Montevideo, entre Luján y Deheza, de Lanús, donde me crié; el trayecto a través de la Plaza Villa Obrera hasta la escuela Nº 1, “Juan Bautista Alberdi”, donde cursé la primaria. Allí transcurría casi todo mi día, casi como que vivía en la calle. En la plaza eran los árboles para trepar, el pasto para jugar a la pelota, los juegos, dos manzanas de absoluta libertad, en fin, todo eso que ahora ya no queda.



25: ¿Cómo reordenarías esta serie?: “La visión, el bosque, la ceremonia, las miniaturas, la ciudad, la danza, el sacrificio, el sufrimiento, la lengua, el pensamiento, la autenticidad, la muerte, el azar, el desajuste”. Digamos que un reordenamiento, o dos. Y hasta podrías intentar, por ejemplo, una microficción.

RS: Podría intentar algo así: Bosque, miniaturas, ceremonia, danza, visión, pensamiento, lengua, autenticidad, azar, desajuste, ciudad, sufrimiento, sacrificio, muerte. Es un orden posible y es la historia de la humanidad que se está contando sola.



26: “Donde mueren las palabras” es el título de un filme de 1946, dirigido por Hugo Fregonese y protagonizado por Enrique Muiño. ¿Dónde mueren las palabras?...

RS: Buena pregunta. Pueden morir en diferentes lugares, creo que la canción “Nocturno”, de Rafael Alberti y Paco Ibáñez, hace una buena síntesis de esos sitios.



27: ¿Podés disfrutar de obras de artistas con los que te adviertas en las antípodas ideológicas? ¿Pudiste en alguna época y ya no?

RS: Disfruto de las obras indistintamente de la ideología del artista salvo que, para forzar una idea, ese autor sacrifique la calidad, como le está pasando a Mario Vargas Llosa, de quien fui lector empedernido. Adoro a Jorge Luis Borges y a Salvador Dalí, por dar dos ejemplos.



28: ¿Cómo te cae, cómo procesás la decepción (o lo que corresponda) que te infiere la persona que te promete algo que a vos te interesa —y hasta podría ser que no lo hubieras solicitado—, y luego no sólo no cumple, sino que jamás alude a la promesa?

RS: El valor de la palabra se depreció mucho. Me cae mal, pero aprendo quién es esa persona, a veces la vida es larga y las situaciones pueden reproducirse.



29: No concerniendo al área de lo artístico, ¿a quiénes admirás?

RS: A Ho Chi Minh.



30: ¿Tus pasiones te pertenecen o sos de tus pasiones? Pasiones y entusiasmos. ¿Dirías que has ido consiguiendo, en general, distinguirlos y entregarte a ellos acorde a la gravitación?

RS: Todo lo que se genera en nuestro cerebro nos pertenece, pero no todo es manejable. Diferencio perfectamente pasión y entusiasmo; también elijo el peso de mi compromiso, aunque tengo mis arrebatos.



31: ¿Qué artistas estimás que han sido alabados desmesuradamente?

RS: La respuesta incluye una gran dosis de subjetividad, ya que depende de los intereses del receptor. En el ámbito local, Los Chalchaleros y, para buscar algo muy universal, The Rolling Stones. Otro ejemplo, aunque en otra expresión, es Quentin Tarantino.



32: ¿Acordarías, o algo así, con que es, efectivamente, “El amor, asimétrico por naturaleza”, tal como leemos en el poema “Cielito lindo” de Luisa Futoransky?

RS: Creo que sí, en nada que supere lo individual los aportes son equivalentes. Sin embargo, teniendo en cuenta que el amor funde a quienes lo experimentan, pasa a ser un todo absolutamente simétrico a sí mismo.



33: ¿El amanecer, la franca mañana, el mediodía, la hora de la siesta, el crepúsculo vespertino, la noche plena o la madrugada?

RS: Para escribir: el crepúsculo y la noche. Todo lo demás para el resto de las cosas.



34: ¿Qué dos o tres o cuatro “reuniones cumbres” integradas por artistas de todos los tiempos y de todas las artes nos propondrías?

RS: Las combinaciones son tantas, que me es imposible decidirlas. Estaría genial ver a Luis Alberto Spinetta junto a Jimi Hendrix o a Carlos Gardel junto a Astor Piazzolla. Saliendo de la música, J. M. Coetzee y Osvaldo Soriano darían una buena charla. Aprovechando la cuarta, un recital de Marcos Silber y Juancito Gelman.



35: Seas o no ajedrecista: ¿qué partida estás jugando ahora?...

RS: Similar a la de Max von Sydow en “El séptimo sello”, el film de Ingmar Bergman.



*
Cuestionario respondido a través del correo electrónico: en las ciudades de Lanús y Buenos Aires, distantes entre sí unos 13 kilómetros, Rubén Sacchi y Rolando Revagliatti, 16 de marzo de 2020.







Saturday, February 29, 2020


Jardín


Jorge Etcheverry



Evidentemente se trata de un patio interior, de ésos que son comunes en las casas antiguas de ese sector. Alguna vez alguien me dijo que en alguna otra capital ya las habrían pasado al patrimonio de la Unesco. Por ejemplo mi amigo Sergio (cuyo apellido y dirección exacta no voy a dar por razones obvias), tenía una casa parecida, con un patio interior casi idéntico, herencia de sus padres. ¡Qué jardín!.  Pero en realidad eso es solo la primera impresión. Este jardín no es como ninguno que haya visto antes. Hay una fuentecita al centro, blanca, de algo que parece pero no es mármol. Hay a su alrededor cactáceas de todas formas y colores; algunas amapolas—creo—y unas como magnolias, gruesas, unos como lotos en la fuente, y a lo mejor—no estoy seguro porque nunca he visto ninguna al natural—unas orquídeas.  Hay aceitosos laureles y gomeros, otras especies que no reconozco, que no he visto nunca, y una hierba menuda, algo así como un trébol, como una tupida espuma verde que se derrama sobre los mosaicos.  De alguna manera y por un instante fugaz me acuerdo de las plazas en que jugaba cuando niño, de los jardines de las casas en que vivimos con mi familia, de mi abuela llevándome al Parque Japonés donde jugaba con bellotas, de la Plaza Montt en Nuñoa, con su fuente en la que nadaban peces rojos y plateados, y en fin, de los parques, de todos los parques, remansos rodeados de las enormes moles hostiles y ennegrecidas de las ciudades, aplastados por una atmósfera de gases nocivos, de vientre de plomo.  Es ahí donde se reúnen los vagabundos, juegan los niños y las parejas tardías llegan a la furtiva fornicación.  Un ruido me hace volver a la realidad: es el agua que se rebalsa de la fuente y corre por los mosaicos indescifrables.  Otro ruido: unos pasos furtivos al otro lado de un macizo de rosales floridos.  Puedo vislumbrar una sombra adosada al muro.  Una silueta borrosa que comienza a hacer visible.


Friday, February 21, 2020

Arrachere


Jorge Etcheverry


Arrachere es el nombre de un país latinoamericano muy pequeño del que hasta hace poco ignoraba la existencia. Conocí casualmente a uno de los personeros del consulado que van a abrir aquí en Ottawa, en un festival latinoamericano, cuando me comentó, frente al stand de un país que omito, “nosotros producimos unos pastelitos casi iguales a éstos”. Cuando le pregunté de qué país era él, me dijo “de Arrachere”. “Ahh”, le dije. Se sonrió, se explayó un poco: “Mire, no se sienta mal si no sabe que existimos, no se crea que es el único, además de que nuestro pequeño tamaño, la ausencia de crisis, golpes de estado, catástrofes naturales, etc. no nos ayudan a tener mucha presencia en la prensa y la televisión, mucho menos en los medios de comunicación social, ya que como dicen en inglés “No news is good news”. Y es cierto. Para aparecer en la tele tiene que haber problemas. Más tarde, con algunos tragos y más confianza, le dije que por cierto el nombre Arrachera—como su país, pero con una “a”final—ere el nombre de un delicioso corte de carne en México, el Skirt Steak de por aquí, y que una persona arrechera, quería describir a alguien poseído o poseída por el deseo sexual, o caliente, como decimos en muchos países de Latinoamérica. A lo que me respondió que cómo andábamos por casa, miren que venir de una país que se llama ají, chile, pero también pico, como le dicen al órgano masculino también en México. Al final nos despedimos amigablemente e intercambiamos emails. Después de unos días me llegó un correo electrónico con una invitación suya. Querían darse a conocer. Habían arrendado uno de los mejores locales públicos disponibles en esta capital—Ottawa—en el centro mismo del barrio diplomático, a un par de cuadras del Edificio del Parlamento. Al llegar, mi conocido estaba en la puerta, oficiando de recepcionista. “Hola”, me dijo “está llegando mucha menos gente de la que esperábamos, no hay nadie de los medios, ni siquiera los diarios latinos”. Le respondí “Mire, no se preocupe, aquí la gente no es muy curiosa, además, como esta es una sociedad multicultural, ya no les llaman mucho la atención estos eventos de promoción de países, que aquí en la capital pasan todo el tiempo. A pesar de que mucha gente viaja bastante, no saben mucha geografía”. 


Una vez en el salón y al escuchar a un orador que desgranaba un moroso discurso me enteré que el nombre Arrachere celebraba al fundador del país, noble y militar de origen francés, Ferdinand D'arracher, que lo había liberado después de una única y definitiva batalla con los soldados españoles, la mayoría de los cuales se había quedado en el nuevo territorio independiente. Arracher, Arratxere, en su ortografía vasca—ya que el militar era vasco francés, vivió hasta pasados los noventa años y tuvo una vasta progenie. El mestizaje en el país careció de los terribles y cruentos momentos que se dieron en la miscigenación en el resto del continente. Además, no hubo guerras limítrofes, las formaciones naturales y cuerpos de agua que lo encerraban disuadían cualquier incursión exploradora o inmigrante y mantenían al país virtualmente aislado del resto del mundo. Al no contar con un recurso natural abundante y exportable, al contrario de la mayoría de los países del continente, que son básicamente monoproductores, el desarrollo de Arrechere fue lento pero uniforme, y lo mantuvo al margen de la voracidad del común vecino del norte y los europeos. La gran variedad de microclimas, sobre todo en sus sierras, la feracidad de sus suelos y la abundancia de su flora y fauna, hicieron al país poco menos que autosuficiente. Su poeta más importante, L. Prueba, que viajó  espacialmente a Ottawa para esta ocasión, leyó una oda a Arrechere, sus lagos y montañas, sus mujeres. Encontré el poema bello, pero muy lleno de modernismo dariano, un poco anticuado, aunque debo decir de paso que la poesía que yo llamo más “contemporánea” tiene cierta presencia en el Cono Sur y después se va difuminando hacia el norte. La danza folclórica típica del país, interpretada por un conjunto que también voló directamente a este evento, se parece un poco a la cueca chilena, lo que denota, como en nuestro caso, cierta influencia negra, que en el caso de Chile se ha querido negar. Los bocadillos, sin embargo, recuerdan a la comida centroamericana, no falta una versión bastante curiosa de la empanada, si se quiere un poco seca, magra de carne y con mucho ajo y pimiento rojo. De repente un grupo se retiró de la sala, encabezados por una mujer de cara ancha, pálida. “Los comunistas se van”, me susurró mi acompañante en voz baja. En un intermedio entre la interpretación de un aria y otra danza folclórica, un hombre alto, afable, de cara más bien larga, entregó tarjetas a los concurrentes: aparecía su nombre, su cargo gubernamental y abajo “Partido Comunista de Arrachere”. Ante mi mirada interrogante, mi amigo me dijo “tenemos nuestras maneras para evitar que se agudicen los conflictos”. 

Entonces, y a propósito de escopeta, pensé en Andorra, nombre que me había vuelto a la mente por pura casualidad. Allí se produce un show de televisión llamado Sabiens donde se tratan todo tipo de temas esotéricos, controversiales, ocultos, etc. Si no me hubiera encontrado con ese nombre por casualidad, viendo en al Yahoo uno de sus programas sobre los Annunaki, es posible que Andorra hubiera desaparecido por completo de mi horizonte mental. Al comenzar, el locutor había dicho “Queridos oyentes, hoy hay un sol resplandeciente sobre Andorra”, y luego le preguntó a un periodista o investigador paranormal que venía llegando “Oye, Paquito, ¿y cómo andan las cosas por Europa?”.

Friday, February 7, 2020

De poetas y trincheras


Jorge Etcheverry


 Se dice que Platón habría expulsado de su república a los poetas. Cualesquiera que hayan sido sus motivos, eso demuestra que ya desde entonces los poetas eran como una pulga en la oreja, jodían, molestaban, y en una de éstas hasta tenían, o se creía que tenían, algún efecto. Sin embargo es curioso que uno de los lugares comunes más socorridos contra la poesía sea el de su inutilidad, ¿Para qué sirve la poesía?, es una pregunta corriente. Ser poeta puede ser sinónimo de inútil, desubicado, loco, y en algunas ocasiones vivo. En este último caso tenemos a ese poeta madurón, suiticón y embaucador con eso de la poesía de señoras de buen pasar aburridas en sus casas, personaje que Don Miguel de Unamuno nos presenta en su novela corta Nada menos que todo un hombre’de 1931. En general los detractores de la poesía y por ende de los poetas, vienen de variados campos. En Así hablaba Zaratustra, Federico Nietzsche pone en boca del narrador que “los poetas desean hasta cosas que las viejas se cuentan en la noche”. Claro que el ilustre filósofo, además de federico o por eso mismo era bastante misógino, ya que en otra parte de ese libro el mismo profeta poeta peripatético que es el personaje central del libro dice “Si vas con las mujeres no olvides el látigo”. Y ese tipo de cosas es más o menos corriente. Es decir, que en general entre los enemigos de la poesía y de los poetas se suele encontrar gente con opiniones bastante desagradables, esto definido de una manera muy sencilla: si esas ideas tuvieran vigencia universal sería el acabose, o al menos vastos sectores padecerían harto sufrimiento y daño, bastante más de lo que ahora existe, que no es nada de despreciable. Por lo general el poeta termina por situarse en el bando de los ‘buenos’ en el conflicto de que se trate, por lo menos en los tiempos contemporáneos. Es muy conocida la posición que adoptaron Federico García Lorca y Pablo Neruda en la guerra civil española, y cómo esto le ocasionó la muerte al poeta español. Hay muchos e ilustres nombres de poetas hispánicos entre las innumerables víctimas que llenan los cementerios de lo que con justeza podemos llamar la ‘causa popular’. Basta mencionar a Miguel Hernández, Javier Heraud, Otto René Castillo, Roque Dalton, de trágico fin ante pelotones de fusilamiento, asesinatos o estadías en las cárceles. A estos se pudo agregar al joven activista cultural y poeta James Oscco, muerto por escuadras de la muerta en el Perú. Tampoco se restringe este sino al mundo hispánico. Hace un par de años un joven estudiante turco fue arrestado por leer un poema de Nazim Hikmet, el famoso poeta comunista turco que murió en el exilio en 1963.



Si bien es cierto que artistas y periodistas, en general quienes se dedican a representar la realidad por trabajo o vocación, siempre son algo peligrosos para el así llamado ‘sistema’, si no se avienen a entrar en arreglos con los ‘poderes fácticos’, los poetas ocupan en esto un lugar privilegiado. Si bien no representan las cosas con el detalle convincente y detallado de la prosa o la fidelidad a la realidad que sería parte del mandato de los periodistas, el poeta acarrea desde la antigüedad un halo profético, mediúmico, chamánico, ligado quizás al carácter básica y quizás definitivamente oral de la poesía y su innegable componente lírico. El poeta recita, expone, pero junto con eso está su expresión personal, sentimental, su posicionamiento acentuado frente a lo que se trate. Por ejemplo, Gunther Grass es un gran novelista contemporáneo, pero conozco personas nada de estúpidas que no pudieron seguir leyendo algunas de sus novelas y yo voy a tener que confesar que me pasa algo parecido con Marcel Proust. Pero un poeta famoso no se puede dar el lujo de ser latoso. Es casi un estereotipo imaginar o representarse a poetas con una causa que se dirigen a las masas. Los primeros tiempos de la revolución rusa son inconcebibles sin Vladimir Mayakovsky y Sergei Yesenin, ni sus últimas décadas sin Evgenii Evtushenko. El experimento socialista democrático chileno que culmina en el gobierno de Allende es impensable sin Pablo Neruda, ni el intento sandinista en Nicaragua sin Ernesto Cardenal. La incepción y consolidación de la revolución cubana se vieron acompañadas de la voz de Nicolás Guillén. Roberto Fernández Retamar, hace poco fallecido, Juan Pablo Fernández y Nancy Morejón han sido sus embajadores poéticos y culturales.  Quizás una de las diversas cosas que el proceso bolivariano en Venezuela esté necesitando sea un vate nacional que lo cante para el mundo.



Pero no quiere decir que sólo la así llamada izquierda sea un campo fértil para que brote la poesía. Quizás sea mayoritario, ya que las causas por así decir ‘positivas’ tienden a aglutinar a los poetas. Pero siempre ha habido excepciones. El poeta anticastrista Armando Valladares recorría el mundo denunciando al régimen cubano actual. A Ezra Pound lo pusieron en una jaula en los últimos días de la segunda guerra mundial por sus alegadas tendencias fascistoides. El himno de batalla de los nazis, el Horst Wessel, fue escrito por un poeta. Y no hay tampoco un monopolio de lo que los lectores ingenuos denominan ‘calidad’, --el conjunto de predilecciones institucionalizadas en un momento dado--. Entre los poetas de la izquierda a veces se producen himnos conmovedores y otras panfletos latosísimos. Si me hubiera tocado pasar junto a la jaula de Pound a lo mejor le tiro su piedrecita huacha, aunque es uno de mis poetas favoritos y uno de los padres de la poesía contemporánea, cuya huella se deja sentir en muchos grandes poetas de la izquierda. Pero a lo que íbamos al principio. En la actualidad hay una gran movilización entre los poetas por causas como el medio ambiente, la paz mundial y la justicia y equidad sociales.

“Revulsivo y de denuncia”: una reseña del libro “Desecho e izquierdo” de Rolando Revagliatti.

  Antonio Ramón Gutiérrez “ Desecho e izquierdo ” es un juego fonético y de sentido, que evoca de algún modo los juegos de Oliverio Giron...