María Barrientos
La poesía no consuela, sino que incomoda.
La reflexión de Susana Thenon es adecuada para este libro de Revagliatti. El autor
logra hacernos salir del lugar cómodo al trabajar con un estilo que le escapa a
las estructuras tradicionales. Me recuerda a esos escultores que trabajan con
materiales que otros descartarían.
No pretendamos encontrar metáforas
tradicionales, sino cierto desparpajo que punza al lector al torcer los lugares
comunes. Lo que queda es un señalamiento a que miremos allí, donde parecía no
haber nada. En estos poemas siempre pasan cosas, a veces son breves como
explosiones que nos lanza para estar alertas.
Los poemas también son sometidos a la
explosión: el autor transforma la transgresión en un lenguaje que se tuerce, se
quiebra y se descompone. Predomina la parodia que utiliza sin perder la
profundidad y el dramatismo. Esto no nos despierta una sonrisa de soslayo sino
un rictus amargo.
Recuerdo la frase “Lo más profundo que
hay en el hombre es la piel”, palabras de Paul Valery luego retomadas por
Jacques Derrida. Lo cual me lleva a los cuerpos, ya que hay un matiz sadiano
que sobrevuela: el cuerpo se doblega ante lo que viene, sumiso y por lo tanto
rencoroso.
Revagliatti explora el fracaso, la rabia,
la impotencia, sentimientos inscriptos en el paso del tiempo. La intensidad predomina,
aunque se tiña de ciertos sueños rotos. Se despliegan escenas individuales y
escenas históricas, en donde Revagliatti asume la característica de un narrador
lírico colectivo.
Imagino esta escritura como rumiada en un
rincón. A solas elaborando poemas que rompan el hastío de un lenguaje gastado.
¿Quién dijo que hay palabras que per se pertenecen a la poesía? El viaje poético que nos propone el autor
nunca es sereno.
La tragedia y la comedia humana se
muestran en estos poemas, que no quieren negociar con la mediocridad. Las
miserias se pueden ocultar, pero la mediocridad muestra la hilacha muy pronto.
El libro deja una reflexión clásica: la necesidad de algo más está
latente en todos, pero muy pronto la vida nos empuja a destinos menores. La
necesidad de no ser olvidados: “Yo me conformaría con tener treinta y nueve
años menos/ darme otra oportunidad tan sólo otra oportunidad/ para no pasar tan
resquebrajadamente desapercibido”.
Afortunadamente
el poeta tiene ese pasaporte a un mundo brillante, y no de fama, más
respondedor, y no de parloteo, más llamativo, y no de figuraciones vanas.
*‘Desecho
e izquierdo’, Editorial Leviatán, Buenos Aires, 2ª edición ampliada, 152
páginas, febrero 2026.

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