Antonella Vulcano y Pablo Carrazana
Por primera vez en su país,
el sello de Buenos Aires Tiempo de Parque Ediciones distribuyó en librerías La
yegua de la noche (1),
del poeta argentino Luis Benítez, volumen ganador en 1996 del prestigioso
premio de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat. Hasta el momento, los
lectores solamente contaban con una edición chilena de 2001.
Por Antonella I. Vulcano (2)
La primera
lectura de La yegua de la noche me retrotrajo a un tiempo en el que la
poesía era, en efecto, un plan primordial. Al gesto originario que produce leer
un poema construido desde sus bases, como un artefacto de funciones precisas.
Pero ¿destinado a romperse, a desconfigurarse conforme pasa el tiempo?
El poeta, que
se pregunta al inicio por el origen de dos cosas puestas sobre la mesa, el
origen de una dualidad que va a sostener durante todo el poemario, también es
el que pregunta sobre el sentido del oficio y la escritura. En este poemario
parece abordarse, como en una pintura con perspectiva, la escena universal: el
amor, la pesadilla, y la muerte.
El amor como
tópico transversal, se deshilvana develando formas inéditas de hablar de lo ya
conocido. Acá es donde la creatividad del lenguaje poético entra al juego y lo
apuesta todo: recuerdas amor mío el largo adiós/ subdividido las
innumerables salas como siglos/como millones de años cada vitrina absorta/ y en
el centro de donde emanaba la extensa arquitectura/ el dinosaurio (...). Hay
evidentemente un gesto histórico en el amor, algo antiguo que lo hace
extremadamente cercano, las referencias son más que referencias, se apersonan
para construir la composición del poema. En la lectura de este poemario,
entonces, me encuentro con la yegua de la noche, la pesadilla, Graves, por
ende, la muerte. Casi construyendo un campo semántico inédito en el que, si se
entra, es difícil salir, el poeta va de un polo al otro: el poema-río, las dos
cosas sobre la mesa, los dos poemas, la maldición y la bendición.
Vuelvo al gesto
originario, al principio y al final del poemario: “Esta mañana escribí dos
poemas” y “tan imposible de concebir/ la separación/ que ya la viví”. Me atrevo
a indagar un poco más, a juntar los pedazos de este artefacto roto (que es el
poema en el tiempo). Me quedo con esta seguridad: “La yegua de la noche”
atiende al proceso del poema por sobre el final del poema. Leerlo nuevamente es
un anhelo actual: que cada verso importe y que sin ese verso el poema se
derrumbe.
Por Pablo
Jacinto Carrazana (3)
La yegua
de la noche es un libro que presenta una serie de poemas hilvanados
alrededor de tópicos universales (el amor, la muerte) pero al mismo tiempo
condensados sobre el pulso vital de un yo poético que hace de la escena de la
escritura una escena reveladora. Es decir, la poesía (y más precisamente el
acto de escribir) como un vehículo que devela un misterio ignorado y que en ese
vislumbramiento hace lugar (a través del lenguaje) para compartir el efecto,
las consecuencias de esa experiencia luminosa que es escribir un poema.
Esta
mañana escribí dos poemas.
No me
pregunto ya por el sentido
que tiene
o no tiene este oficio oscuro.
Simplemente
es otra manera, posible, de estar vivo.
Sin embargo los
poemas no trabajan únicamente con la puesta en primer plano del proceso de
escritura como principio constructor del libro sino que también se valen de ese
recurso para universalizar dicha experiencia. Es así que entonces los tópicos
ya mencionados no quedan ubicados dentro de una visión únicamente personal (Adioses
divertidos o Veo a una mujer maquillarse). En los poemas también es posible
encontrar referencias a distintas figuras pertenecientes a la literatura
universal (desde Ovidio hasta Wallace Stevens) y que colaboran para que el
material poético no quede condensado en una narrativa de escenas puramente
intimistas. Es en ese sentido que el movimiento del libro pareciera ser doble.
Dado que si el poema que le da nombre al libro dice:
Carne que
carne fue
Y amada
fue
Y hoy es
literatura.
Y en ese decir nos
señala el material de estos poemas, también hay lugar para un ars poética
cifrado en la experiencia, en donde la poesía se permite indagar por la amenaza
y el conflicto de la muerte que a su vez es motor de la escritura. Como si a
través de la palabra se pudiera conjurar aquel temor o incertidumbre:
Muerte que
pudo ser
Y no
llegó, al menos hasta ahora
Que su
dibujo hago
Sobre este papel, efímero
Varias son las
aristas que se despliegan de la totalidad del libro y los veinte poemas que lo
componen, y que este breve comentario no llega a abarcar. En todo caso, la
reedición de un libro que habilita multiplicidad de lecturas es una apuesta por
la poesía y su valor.
NOTAS
1,La yegua de la noche, de Luis
Benítez. Tiempo de Parque Ediciones, ISBN978-631-90853-7-2, 50 páginas, Buenos
Aires, 2026. Facebook: https://www.facebook.com/people/Tiempo-de-parque-ediciones/61558647095576/
E-mail: tiempodeparqueediciones@gmail.com
2.Antonella I. Vulcano (1993, Hurlingham,
Argentina) es profesora de Lengua y Literatura por la Universidad Nacional de
General Sarmiento (UNGS) y editora. Publicó fanzines de forma independiente y
colaboró con su poesía en diversas revistas literarias. En 2020 publicó su
primer poemario, Años de casa, por Editorial Santos Locos, y en 2025 Las
cosas ínfimas, por Tiempo de Parque Ediciones. Es cofundadora de la revista
y editorial Flor de ave y es una de las gestoras de Ciclo Verso.
3.Pablo Jacinto Carrazana (1992, Buenos
Aires, Argentina), es docente de Lengua y Literatura egresado del Instituto Superior de Formación Docente Joaquín V.
González. Ha realizado talleres tanto de narrativa como de poesía con
Osvaldo Bossi e Isabel Vasallo. Algunos de sus cuentos fueron publicados en
diversos medios digitales (Revista Más Poesía, Revista Zur, Flor de Ave y
Revista Jauja). También participó en las antologías “Coordenadas” del 4to.
Festival de poesía de Boedo y “Toda poesía es hostil al anarcocapitalismo”,
publicada por Pixel Editora. Su primer libro “Un secreto rumor” fue publicado
por la editorial Tiempo de Parque, proyecto en donde también se desempeña como
asesor editorial. Forma parte del ciclo de poesía “El rayo verde”.
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