José Carlos Sánchez Lara
Decir, “Los textos de Jorge Etcheverry son a la poesía
chilena lo que los films de Tarantino a Hollywood”, ahorraría
algunas páginas. Dirimiríamos debate surgido en torno a autor tan problemático.
Actualizaríamos lo paródico, el
sentido “rompedor” dentro de su obra. Aunque en rigor, para establecer aquella
figura (Los textos de Etcheverry son a la p. chilena lo que los
films de Tarantino, etc.) se impone “viajar”. Retrotraernos al Chile
del año 22. Allí encontraríamos orígenes de un arte
que se consolida a través de una multiplicidad hablativa
(sic), genérica. Por “transporte” la figura se volvería creíble, ya que 1922 es
año axial para la literatura del país. Ese año Pablo de Rokha pública Los
gemidos. Sin este volumen no hay poesía de vanguardia en Chile. Lo
demás cae por su propio peso. Devenir lo opuesto a reglas de un
organigrama. Dejar de repetir como las radios, las pulgas, las cotorras (que es
lo que los intelectuales hacen). Pero no Quentin T. (quien se reitera a sí
mismo hasta borrar las límites de la cinematografía).Pero no Etcheverry Jorge
(quien para existir se convierte en mujayin de los objetos literarios). Su
evasionismo se origina en un participar “afuera”. En un volverse habitable en
el reborde de los géneros.
.Indica el Larousse: “VIAJE: m.
Jornada de un país o de un punto a otro. Sinón. Expedición, exploración,
peregrinación, traslado. // Escrito donde se relata lo que ha observado un
viajero. // Ida y venida de un lugar a otro: llevar una carga en dos
viajes.//Agua que se conduce por cañerías para el abasto de una población.//
Taurom. Derrote”.[1] Este ensayo quiere subscribirse a
la segunda y tercera acepción. De ser posible trabajar sobre una
analogía (sin interrumpir las asociaciones del que lee). Ida y venida=Memoria;
carga=Poema; dos periplos =referentes Sociales y Estéticos. Etcheverry “mete”
en un fardo su dolor. Parte del padre (Rokha-Chile-Dictadura) hacia el monstruo
(Exilio-Ottawa). Por ende, Evasionista es aquel que huye de su padre
(de lo trágico, del recurso textual, los géneros). Podemos
comenzar.
.Seguramente la lectura de Neruda
y Vicente Huidobro activó en la calología un pensamiento de recuperación, de
porvenir: un claro. Se enfrentaba al ser consigo-mismo. O asistíamos a un fondo
preterido en juventud. Aquellos “lindes” del poema. Palpaciones donde fluye “lo
inicial de uno” (sic): tus palabras fuertes del idioma. Entonces sólo había que
“atender”. Palpitar era lo grave. Lo decían, por ejemplo, tres líneas: “El
padre eterno está fabricando tinieblas en su laboratorio / y trabaja para
volver sordos a los ciegos. Tiene un ojo en la mano y no sabe a quién
ponérselo. / Y en un bocal tiene una oreja en cópula con otro ojo.”[2]
O cuatro, magnificas: “Por eso el día lunes arde como el petróleo / cuando me
ve llegar con mi cara de cárcel, / y aúlla en su transcurso como una rueda
herida,/ y da pasos de sangre caliente hacia la noche”.[3] Incluso una:
“No hay bien no hay mal ni verdad ni orden ni belleza”.[4] Pero un día
apareció Pablo de Rokha. Poeta-forajido que irrumpía “abriendo a patadas el
silencioso e inmovilizado templo del arte por el arte”.[5] Ocurrió
cuando intuimos que la “intrusión” de Huidobro era suficiente por anómala. O
porque la tradición, a pesar de sí misma, “insistía” en desprogramar “aquello”.
Sin embargo, al prorrumpir, esas imágenes centrales de la Estética
(regla-ruptura) se diluyeron, o interpusieron una sobre
otra, creando placa que impedía la ojilectura, el volver. Se habían
“roto” nuestras captaciones del poema. Sustraer o alimentar. La recuperación se
deslió como vinagre en agua. ¿Habría que “zurcir” otros “yo-soy”?
Porque fue inútil raspar, con el dedo que proyecta la
extrañeza, sobre algunas superficies. Ante la propuesta
de Rokha, perdimos nuestra utilería crítica y éramos ya un sitio con
ninguno. ¿Qué hacer con aquel salteador de caminos de la literatura
hispanoamericana? ¿Dislocarlo? ¿Convertirlo en pieza de
boicot? Así fue. Los pocos facsímiles que se venden de Los gemidos
no sobrepasan diez ejemplares. El resto sirve como papel de envolver en una
carnicería. La mejor escritura del país no tenía otra utilidad, en apariencia,
que almacenar mondongo, y cuartos de vaca. Denostador de la medianía
y raquitismo que ––––proveniente de Europa––– se hallaban residenciados en la
poesía de su época, produjo un arte tan insolente que fue atacado
con ferocidad. “Cobraremos duro”, parecía recordarle la
intelligentzia chilena con cada exención de antologías, con cada
denuesto que cuestionaba sus orígenes, con el ninguneo y chisme que son las
armas predilectas del teórico. Los profesores y poetas engominados no le
perdonarían su novedosa y corajuda estética. ¿De dónde sacaba inspiración aquel
muerto de hambre? ¿De cuál destrozo, de qué espina en el
tímpano? Aquel que “recién inaugurado en plena juventud, se había
transformado en un dolor estético”[6] debía,
intelectualmente, morir. El dictamen, unísono, clandestino, fue elaborado con
astucia. Se le redujo al anonimato. Con actitud mujeril le exceptuaban de
ateneos, sociedades de autores, y sobre todo: de
innúmeras colecciones de poesía chilena con que los magísteres culturales
justificaban su manutención. En ciudad de ideólogos, rectores con expectativas,
ya era suficiente con Neruda. Así que en la aurora gélida del 10 de septiembre
de 1968, el viejo iconoclasta se mató. ¿Qué importaban otros gritadores: Parra,
Gonzalo, Lihn? La Rectitud terminó de conformar su Morfología del Espanto. El
espécimen de “gestos cuadrados como retratos”, de “gestos polvosos como
borricos”, el espécimen “que vive, que defeca, que está
absolutamente casado con doscientos kilos de carne imbécil / y canta, /
y llora, / y corre, / y hace chiquillos sin cabeza, / y dice
gruñendo: “la ley, la justicia, la belleza de los cielos abiertos”[7],
se declaró a si mismo triunfador. Este sería en síntesis el drama del más
grande poeta de Chile (exceptúo a Nicanor a quien Rokha solía llamar: Un
pingajo del zapato de Vallejo).
.En 1961 Jorge Etcheverry descubre
Los gemidos. El encuentro con la maquinaria rokheana fue concluyente para que
este joven anarquista (con formación académica y testigo de una contracultura)
adopte la poesía como lugar de revisión histórica. Aquel texto agudiza su ya
dilemática relación literatura-poder (uno de los tópicos en su obra poética y
ensayística). Su lectura activa una conciencia de lo autónomo. Así Borges ante
Lugones, la “aparición” del suicida lo enfrenta a su chilenidad (a ese apósito
que es nuestro destino sudamericano dentro de la zanja atravesada, hibrida,
de las artes continentales).
.
“No
mencionemos siquiera las Iluminaciones, Una estadía en el Infierno.
Dejemos
por el momento de lado al viejo Eliot. Reconozcamos
a
potencia desmañada del viejo De Rokha”.[8]
.
En inicio, idéntico desprecio por
el “espécimen de las aulas”, por burócratas y rectores de actitud
oblicua, lo vincula al padre nefando. En el santiaguino, pese a
todo, la crítica es ambigua. El manejo de la ironía, como elemento
“descomponedor”, adquiere una significación que recubre una
ideología y una burla (incluso contra el hablante).
. “Empuñando
en la mano, metida en el bolsillo, una imprecación / o una lucha implícita
contra las otras especies animales / El vaca / El burro / El chancho
/ El rata / El pajarito / El buitre / El reptil y el
sapo, las despreciables cucarachas, las / urracas parlanchinas, el camaleón,
mamá, el camaleón, / el gusano (en sus dos acepciones)”.[9]
.Y es que J.E. agregó a aquella
contundencia: apunte filosófico, ironía cínica, teatro.
Percusionó sobre una vitalidad, sin dudas que pleonástica, hasta
anestesiar lo trágico. Así extraía un tosigo, un jugo que usaría para simular
todo un carácter. Del background heroico de Rohka (virtuosismo adjetivador o
desmesura que, obsedida por aislamientos, “conseguía transformar en
arte hasta los más terrestres y vegetativos objetos” del entorno[10])
monta una película donde sus personajes deliberan sobre el porvenir,
las revoluciones, lo urbano como maquinaria. La ciudad deviene
universo irrepresentable por el “hondo discurso”. Se trata de escrutar en la
particularidad de lo chileno, no ya desde lo sanguíneo y telúrico (desde esa
ascendencia que es pura mítica). Al trascender los componentes con que Rokha
fabrica su epopeya, aparecen rotativas: testimonios: fotos. Pedazos de
secuencias filmadas desde un pub. Desde un lugar que siempre es “la noche,
con o sin sus mirillas abiertas, con o sin injerencia alguna en nuestros
asuntos”.[11] Pero la intensidad rokheana se mantiene; sobrevive en este
cínico (mezcla de Diógenes-Burroughs) que lejos de integrarse, persiste en
boicotear la literatura de concursos patrios. En El sopor de los pájaros (uno
de sus grandes poemas) un protagonista que no es Ginsberg, Whitman ni
Etcheverry, sino los tres, de repente surge. La denuncia es
horrísona, aunque se escabulla entre la belleza, vigilante. (El tono escatológico
se lo debe al poeta de Licantén).
. “He
dado lo mejor de mí en los combates –––He marchado / largo tiempo entre las
ruinas radioactivas de las ciudades, / con los pies envueltos en jirones,
hostigado por el sol […] / con un bolso de ciruelas secas al costado––––– / “He
recorrido las apenas calles marginales, vivido mucho tiempo / tendido sobre el
huaipe decorado por las legumbres movientes / de las baratas. He aprendido a
callar ante la mirada de los / perros […] a robar el carbón y / a
cerrar los parpados de los flacos niños de vientres hinchados.
/ “Los escarbadores de tarros de basura, los despiojadores / de
perros, los vagabundos sin piel y sin lengua, los jóvenes / delincuentes de
masilla y harapos, las prostitutas de trece / años, con un olor picante a la
altura del vientre. […] / la noche me encontró en un canal de fango y
excrementos, / […] Hace tiempo, me acuerdo, de un fuego de carbones y huesos. /
He conversado con las ratas”.[12]
.No hay dolor:
apuntes. O mejor dicho: el dolor yace anestesiado. Se le ha puesto un bozal al
referente. Es un espectro que aprendió a reír, El Etcheverry. Uno
que sabe bien “como lavarse las manos luego de tocar las partes pudendas”.[13]
El vigoroso surrealismo de una parte de su obra, libre del procedimiento automático,
es músculo conque aquel construye una ciudad para el lector. Cada
escena es nutriente para nuestro “cerebro ciego”. Por acumulación se
particulariza la urbe que el poeta ve. Síntesis de dos fríos centrales:
Santiago/Ottawa. Por su negación se vuelve transitable. Costumbre de
abdicar de lo que dice. Es aquí donde se transforma en poeta extraño: manía de
historiarse en los significados del texto. Traumar la crónica en apunte, el
apunte en antípoda de sí. Aparece un teatro profundo. Por esto dejamos de ser
lector (en su sentido más literal), contemplamos la realidad desde otro ángulo.
Aquí se “clasifica menos y se disfruta más”, ha dicho Magdalena Ferrero[14].
¿Poema, cine, periodismo, video clip, ensayo, documental,
puesta? Si insistes en clasificarlo el tono te
traiciona. Lo que admite, incluso, una disquisición. Acordemos, por
ejemplo, que todo libro de poemas es parte constitutiva de un lugar que lo
precede. Dígase: género y las tradiciones que en su transcurrir ha
propiciado. Por tanto, si un libro de poemas es incluible en un
hecho anterior (la escritura de Poesía), reúne de suyo los
materiales que conciernen al evento. O, si el conjunto que denomino
‘libro’ es apto para situarse en aquella solicitud, ¿todo libro de poemas
contiene esos patrones que lo constituirán? ¿Qué sucede cuando el conjunto que
denomino ‘libro’ no consigue adaptarse al hecho que lo prefigura? Aparecería
como desviación de aquel estado de cosas al que ya no responde. ¿Dónde
ubicarle? ¿Si el conjunto no puede entrar en lo que lo define, deja de ser
cosa? Si el conjunto que denomino ‘libro de poesía’ no se constituye en
él una vez elaborado ¿cómo, y cómo qué, lo pienso? ¿De qué modo, y
en tanto qué, lo articulo? Mas, si no pudiera negarse que pese a todo en aquella
obra que lo precedente excluye, se oculta “una figura del mundo”, entonces el
aserto contendría sentido, o lo emitiría. Explicación más directa
habría que buscarla en Manuel Jofré: “Lo que Jorge realiza, primero que nada,
es una escritura y en ese marco hay que entenderlo”. Más adelante el crítico
insiste en que esta “dialoga con el sistema de la poesía chilena en el
interior,[…]la literatura contemporánea” y “la coyuntura política
global”. De ahí su “politematismo”: “una lucha ideológica que son los
choques entre las placas tectónicas gigantescas de índole temporal y espacial,
expresadas en el embate ideológico”.[15] Además, perdido su lugar en el
mundo, y sin adecuación a los espacios que “abren” la
tecnología y el discurso utilitario, el poeta se separa de las
cosas. Pierde cualidad de relación porque el signo mismo ha entrado en crisis.
La distancia entre palabra y objeto se ha ensanchado. Ocurre un
descentramiento, común a todos los seres bajo el “hacha”
de la modernidad, pero que en el vate se enfatiza hasta encarnar una suerte de
conciencia del vacío. Imposibilidad de restaurar los discursos del
yo, las estabilidades genéricas. Potencia rota. Todo intento de recuperación
del ser, sea en su versión romántica o en su contrapartida vanguardista,
encarna ridículo. Al asumir este ridículo se “cae” en el performance. Al
negarlo, el ridículo destruye esa obra, la invalida. ¿Qué hacer? La
solución una vez más radica en el modo. Aplicación de estrategias
que ataquen la estructura, envoltura, dicción, y encarnadura misma
del lenguaje, del escrito. Es esto lo que Jorge
Etcheverry sabe hacer muy bien. Aunque situarse en el umbral de lo poético y la
prosa urbana, implique desaparecer al sujeto-apéndice de un orden anterior y
sustituirlo por su deformidad, su otro. Así el yo de sus poemas (o más bien
cronipoemas) “desaparece detrás del tumulto de las frases, de la
hinchazón del verso”.[16] Es un yo de utilería, un doble.
.De otro modo, lo que sucede a
esta “poesía” tiene su explicación en el destierro, no en su zona política,
retóricamente doctrinal, sino en su parte más dura: hacerse vacío, rodearse del
vacío que es el viaje, para ser. Su literatura son interpretaciones de un
sistema de desarraigo. Razones hay para creer que el poeta-emigrante
extiende aquella exinción (partir de un orden formativo hacia uno
deconstructivo) a la propia obra, entendida como transcurrir. Si todo viaje es
interregno, malheur dans sedition, quien se traslada apunta
(segunda acepción del Larousse). No tiene opciones, voluntad de testamentario.
Se ha dicho que además de referir “una situación de exilio […] su
escritura “remite al otro mundo”. Al del chile dictatorial de los 80
“a través de una multiplicidad de voces que asumen el rol de hablantes, en una
ciudad sitiada, pero donde las manifestaciones de rebeldía son visibles”.[17] Esto
no deja de ser verdad. Pero la valoración de Naín Gómez apenas
cumple una hermenéutica de campo. Olvida algo importante. Si
bien los materiales externos, psicológicos, configuran al
poema, un poema no se hace de estas realidades, se hace con
palabras. La unidad exilio-inxilio, no es lo que permite que un
poema se produzca. Los componentes de lo real no se “explican” en la escritura
como “los componentes de lo real”, sino como elementos que las herramientas de
escritura disponen en un espacio dado. Así usa los mecanismos con que lo real
se constituye para resolver sus dificultades. Esta es su relación;
representarla es asunto que sólo a ella le concierne. Entonces: nunca son las
3:06 del lugar de nacimiento en los poemas que Etcheverry escribe. Tampoco las
3:06 del escenario físico (terraza, interior de pieza obscura, pared bañada con
luz expresionista). Sus poemas ocurren en tiempo-de-cerebro: en la hora
“pardorojiza” de la diáspora. Una diáspora que [ya] no es necesariamente
direccional, continental, ni siquiera idiosincrática, sino lingüística. Su
conflicto ideológico es la lengua castellana (en la variante de una región
de Suramérica) en medio de un país bilingüe.
.“Todos soldados
menores en la guerra por el territorio del español”.[18]
.Toda poética que tiende al
mestizaje de categorías, se declara contraria a los remakes del repertorio
canónico, a cualquier “pacificación” formal. Así este Etcheverry (ni
perro ni coyote: lobo de Tasmania del idioma). Con respecto al coto preceptivo,
a las reglas standars de la literatura, es caótico, marginal,
anárquico. Con respecto a esa línea de escritores siempre
inclasificables, uno de los más grandes poetas chilenos de esta época.
Evasionista de géneros porque en su escritura aquellos devienen entidades
limítrofes, entre todos y ninguno. Podemos continuar.
.
1 Pequeño
Larousse Ilustrado, Ramón García-Pelayo y Gross, Editorial Larousse, 17, Rue du
Montparnasse, París, Francia, // Buenos Aires, Argentina, 1976, p. 1061.
2 Vicente Huidobro, “Temblor
de cielo”, en Vicente Huidobro, Altazor / Temblor de cielo, Ediciones Cátedra,
Madrid, España, 1981, 2003, p. 141
3 Pablo Neruda, “Walking
Around”, Residencia en la tierra II, en Pablo Neruda, Antología Nerudiana,
Editorial Porrúa, D.F., México, 2006, p.45
4 Vicente
Huidobro, “Altazor”, opus cit., p.61
5 Carlos Droguett, “Pablo de
Rokha, trayectoria de una soledad”, en Pablo de Rokha, Epopeya de
las comidas y las bebidas en Chile, Editorial Casa de las
Américas, La Habana, Cuba, 2008, p. 8
6 Ibídem, p. 11
7 Pablo de Rokha, “Tonada del
Iluminado”, Cosmogonía 1922-1927, en Pablo de Rokha, Epopeya de las comidas y
las bebidas en Chile, Editorial Casa de las Américas, La Habana, Cuba, 2008,
pp.60-61
8 Jorge Etcheverry, “Perro
con alas”, El evasionista, Ediciones Cordillera , Ottawa, Canada,1981, p.
16 9 Jorge Etcheverry, ibídem.
10 Carlos Droguett, opus cit.,
p.24
11 Jorge Etcheverry, “El gran
sueño”, opus cit.,p.96
12 Jorge Etcheverry, “El sopor
de los pájaros”, opus cit., p. 100
13 Jorge Etcheverry,
“Cosmología”, opus cit., p. 92
14 Magdalena Ferrero, “La
minificción de Jorge Etcheverry: un juego verbal entre géneros”, en Jorge
Etcheverry. Escritura en foco: vanguardia, exilio,
desafio, Qantati E-Books, Qantatiliterario, Ottawa, Canada,2009, p.
33.http: //www.qantati.com/doc/pdf/e-book01-Jorge-Etcheverry.pdf
15 Manuel Jofré, “La escritura de Jorge Etcheverry, Jorge
Etcheverry. Escritura en foco: vanguardia, exilio, desafío, Qantati E-Books, Qantatiliterario, Ottawa, Canada, 2009, p. 37.
http: //www.qantati.com/doc/pdf/e-book01-Jorge-Etcheverry.pdf
16 Jorge Etcheverry, “Asamblea
de codornices”, opus cit., p.112
17 Naín Nómez, “Exilio e
insilio: representaciones políticas y sujetos escindidos en la poesía chilena
de los setenta”, Revista Chilena de Literatura, Abril 2010, Numero 76, pp.
105-127 I. Dossier Bicentenario, reproducido en “Comentarios acerca
del autor”, Jorge Etcheverry, Cronipoemas, Split Quotation / La cita
trunca, Ottawa, Canadá, 2010, p.101
18 Jorge Etcheverry, “Núñez /
Gagnon (homenaje a la ñ )”, Cronipoemas, Split Quotation
/ La cita trunca, Ottawa, Canadá,2010, p. 81
José Carlos Sánchez Lara. Nació en
Cienfuegos, Cuba (1969). Poeta y narrador. Con su libro Regiones obtuvo el
Premio de Poesía “Luis Rogelio Noguera” en 2004, considerado por la crítica
como uno de los libros más raros de la vanguardia poética en Cuba de los
últimos 10 años. El crítico Ismael González Castañer lo incluye entre los
cuadernos más “rupturales”, “innovadores”, “anticonvencionales” y “sumamente
experimentales”, producidos en ese período, llegando incluso a denominarlo
como: “el extremista (sic) poemario REGIONES”. [CUBA LITERARIA. Veinte años del
premio de poesía Luis Rogelio Nogueras.] Sus poemas han sido publicados en
revistas cubanas como Azotea y El Caimán Barbudo y en revistas universitarias
norteamericanas como Rio Grande Review y The University of Texas en El Paso, al
igual que en publicaciones virtuales en la Red como Alba Volante, El Coloquio
de los perros y La Zorra y el Cuervo. Fue incluido en la Antología de poetas
cubanos del exilio que publicó la editorial Aduana Vieja en Valencia, España
(2011). En la actualidad reside en los Estados Unidos.

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